Al desnudo – Stefan Bernhard

lunes 17 enero, 2022

From issue: Cross Country en Español 65 – Febrero-marzo 2022

Soy piloto retirado de la fuerza aérea de Colonia. Empiezas a los 20 y cuando cumples 41, dejas de volar. Fui a Afganistán y fue muy difícil. Cuatro de mis amigos no volvieron. Así que fue hora de regresar.

Netjets me ofreció un trabajo para volar jets privados. Incluye una participación en una aeronave. Me gusta, es muy flexible. Si quiero volar desde Venecia porque está más cerca de los Alpes, no hay problema.

A finales de la década de 1980, hice un curso de iniciación de ala delta con un amigo. El ala delta es como volar como un pájaro. Hicimos un par de días de curso, pero después tuve un accidente de moto y me lastimé. Así se acabó todo. Probablemente me salvó la vida.

A mediados de la década de 1990, hice un curso de parapente en Alemania con mi esposa en aquel entonces. Tardé dos años en sacar la licencia. No me impresionó la forma en la que las escuelas daban cursos. Se hacía demasiado énfasis en la seguridad pasiva del parapente y no suficiente en el piloto.

Por venir de la aviación, esperaba algo diferente. No obtuve las herramientas que necesitaba para tomar mis propias decisiones. Tampoco me gustó la gente. Era un deporte extremo, pero la gente no lo era. Dejé de volar a principios del milenio.

En 2012, volví a volar durante un año sabático. Convencí a uno de mis amigos montañistas para que se sacara la licencia. Compré una Ozone Swift y un arnés reversible. Compré el libro de Burki Martens de vuelo en térmica y el Best Flying Sites of the Alps de Oliver Guenay y aprendí a volar distancia solo.

Fue una época divertida. Tuve que aprender del clima y reprogramarme. Veía un cúmulo y volaba hacia el, pero nunca llegaba porque estaba demasiado lejos. Resulta que un parapente vuela mucho más lento que un avión de caza.

Fue divertido explorar las montañas desde el aire. Una de mis metas era escalar el Mont Blanc y bajar volando. Viniendo del montañismo, que uno se tarda mucho para bajar, fue genial bajar volando.

Pasé a una EN-D después de la Swift. Investigué, compré una Ozone Mantra M4 vieja y empecé a hacer planeos fáciles en invierno a ver si podía con ella. ¡Me bombardearon con comentarios negativos! Pero me pareció que era mucho mejor para mí porque tenía más planeo y velocidad para salir de lugares difíciles.

Después, pasé a una dos bandas. La primera que compré fue una Niviuk Icepeak 6. En realidad era más fácil de pilotar que la M4 que no tenía nariz de tiburón y a veces era difícil. Le pregunté a un piloto de la liga alemana acerca del Icepeak y me dijo: “Claro que sí, vuélala. Es un parapente”. Ahora vuelo una Enzo 3. A veces se siente más segura que una tres bandas.

Hice un curso SIV con Jocky Sanderson. Su actitud positiva para simplemente divertirse y disfrutar del vuelo me motivó mucho. Me dijo: “¿Por qué no compites en el Chabre Open?” Así fue como llegué a la competencia. Algo se despertó en mí, me fue bien y gané mi categoría. Aprendí muchísimo en esas competencias. Te dan un problema: volar hasta una baliza. ¡Resuélvelo!

Después, ayudé a Jocky con sus viajes guiados. Sigo haciéndolo con Geordie Petts y Debu Choudhury de SkySummits (skysummits.com). Me encanta la interacción entre los miembros del grupo, están motivados. Ser guía me ayudó a mejorar y ser más paciente. Los pilotos esperan que les muestres cómo se hace.

Compito principalmente por diversión. Mi mejor año fue justo antes de la pandemia; estuve de 15to en el ranking mundial. Este año fue el primero en el equipo alemán. Me gustó, volamos juntos y compartimos nuestra pasión. Me gusta más que volar solo.  

Entrevista de Bastienne Wentzel

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