Guía exclusiva – Fotografiando la X-Alps

lunes 19 julio, 2021

From issue: Cross Country en Español 60 – Agosto 2021

Soy uno de los fotógrafos habituales de la Red Bull X-Alps y persigo a los pilotos por las montañas cada dos años para ayudar a capturar la acción. Durante la edición de 2019, me pasó una de las cosas más inesperadas. 

Acampé durante dos días en lo más alto de la zona de esquí de Saint-Gervais Mont Blanc con una vista increíble de las caras oeste del Mont Blanc. Había estado fotografiando a los pilotos que subían desde el valle de Chamonix hasta la Aiguille Croche (2.487m). Cada mañana, llegaban dos o tres, organizaban su equipo, despegaban y volaban hacia el otro lado hacia Albertville. Las condiciones no eran las ideales para volar lejos, pero se ahorraban unas horas de caminata. 

La tercera mañana, volví a subir 500m hasta la cumbre de Aiguille Croche y esperé que apareciera Nick Neynens, el piloto neozelandés. Esta vez, había llevado el ala para no tener que bajar a pie. Esperé hora y media y cuando sentí que Nick iba a aparecer en cualquier momento, vi un parapente remontando a 2km. Había despegado desde más abajo y me pasó por encima a más de mil metros. 

Nadie más iba a pasar ese día, así que me preparé para bajar volando un tanto triste. Iba a hacer un vuelo de cinco minutos, eran casi las 11am y ya tenía calor, así que solo me puse una sudadera y, por costumbre, me colgué la cámara al cuello.

Despegué y volé por la ladera de hierba y poco a poco fui perdiendo altura. De repente, vi a un ave de rapiña remontando. Volé hacia ella y poco después empezamos a remontar juntos. Tuve unos colapsos justo debajo de la cima cuando me alejaba del sotavento, pero unos minutos después estaba a 3.500m.

Miré a mi alrededor y me pensé qué hacer. Después de todo, estaba trabajando y tenía que ir hacia Briançon, donde sabía que estarían los pilotos de la X-Alps. Pero cuando vi hacia el Mont Blanc (4.807m) vi varios parapente girando lentamente junto a las paredes. Algunos ya estaban muy alto. Se me ocurrió acercarme. No me tardaría más de una hora. 

Cuando llegué al Mont Blanc, en pocos minutos estaba en una térmica con 30 pilotos más. Alrededor del Mont Blanc, a diferentes alturas, había quizás mil pilotos en vuelo. Aquellos que estaban alto pasaron del otro lado hacia Italia y seguían remontando por aristas de piedra de mil metros. Hubo un momento en el que estaba lo suficientemente alto para llegar también, así que di el salto. Nuevamente, me pasó por la mente el día que me esperaba si tenía que aterrizar en el glaciar en Italia, pero de repente estaba en otro mundo.

Giré con 30 o 50 pilotos sobre el glaciar enorme del lado italiano, por aristas escarpadas de piedra y paredes verticales de hielo. Empecé a tener frío y a sentir que había menos oxígeno. Pero lo más tenso era evitar a los demás pilotos. Setenta por ciento de los pilotos volaban bien, pero por alguna razón incomprensible había siempre cinco o diez que giraban en sentido contrario. La idea de chocar con un idiota sobre esas montañas tan remotas y aterrizar con el paracaídas en un barranco o glaciar no era nada agradable.

Pues intenté ser paciente y después de una hora estaba a la altura del pico. Ya había unos cien parapentes en la cumbre y otros que intentaban aterrizar. Daba miedo ver cómo algunos simplemente se estrellaban contra las laderas, a veces mucho más abajo de la cumbre. Los que sabían lo que hacían, aterrizaban en la cima, como Antoine Girard o mi amigo Olivier Laugero que aterrizó en biplaza con su pasajero. 

Mientras tanto, subí 300m por encima de la cumbre, empecé a tomar fotos y pensé en mi dilema. También me encantaría sentarme en el techo de Europa. Pero no estaba nada preparado. Como dije antes, estaba vestido para la feria de verano pero había estado girando sobre glaciares alpinos durante cuatro horas en sudadera, pantalones cortos y zapatos de verano. Imaginaba intentar despegar con esos zapatos en nieve, a esa altura…

Al final, por primera vez ese día, dejé que mandara la razón y la responsabilidad y me olvidé de la idea de aterrizar. Terminé de girar a base de nube a 5.500m, me despedí de la montaña y me fui. 

instagram.com/vitekludvik 

Prohibición

Un reglamento local creado en octubre del año pasado ahora prohíbe aterrizar sobre el Mont Blanc entre el 1ro de junio y el 15 de octubre. Los pilotos pueden despegar desde la montaña y sobrevolarla, salvo en julio y agosto. Descarga la información (en francés) bit.ly/2SrUjA5

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