Cuando la brisa de valle muerde

domingo 10 julio, 2022

From issue: Cross Country en Español 70 – Agosto 2022

Durante el briefing, nos hablaron de la brisa del valle de Martigny varias veces. Las condiciones no estaban geniales en el sur de Francia y había sobredesarrollos temprano, así que decidimos despegar de Chamonix y volar al norte hacia Martigny en Suiza.

Sabíamos que había que tener cuidado con la brisa de valle. Éramos pilotos experimentados, cuatro amigos, que salimos a disfrutar un vivac de dos días por el Mont Blanc. Al principio, todo salió bien. 

El vuelo empezó espectacular remontando por las Aiguilles Rouges de Chamonix. Nos mantuvimos alto sobre la estabilidad del valle. Mi amigo Jeremy y yo íbamos mostrando el camino. Detrás, Mickael y Christian iban más lento y se tomaban su tiempo para llegar a base de nube en cada pico.

El primer error fue leve.

Jeremy y yo pasamos de largo una buena térmica para ir directo a una pared de roca soleada. “Tiene que funcionar”, nos dijimos. “Está orientada perfectamente y llena de rocas calientes”. No funcionó. Entramos a la estabilidad. 

Después de pelear 30 minutos en ceros sobre un pedregal, decidí aterrizar cerca de un sendero y caminar 300 metros para escapar la estabilidad. Mientras tanto, Jeremy logró remontar lentamente e iba en transición delante de mí y alcanzó a Mickael y a Christian que ahora iban delante de nosotros.

Mickael y Christian llegaron altos a 3000m, listos para hacer la transición sobre el valle de Martigny justo cuando yo despegaba y escapaba de la estabilidad. Los perdí en la radio mientras cruzaban el valle. Llegué al mismo lugar unos minutos después, pero no logré subir más de 2500m antes de cruzar el valle.

Eran las 3:30pm. El valle era enorme, los molinos de viento giraban y la previsión decía que el viento suroeste se iba a acelerar. No revisé el reporte de viento en vivo de la estación más cercana por radio y no conocía bien el valle. No tenía contacto por radio con mi grupo. Al fondo del valle, vi algo volando; quizás un ala en problemas, pero estaba tan quieta que pensé que era un helicóptero.

Había muchas razones para no cruzar. Pero había estado a la cabeza todo el tiempo y parte de mí no toleraba quedarse atrás. Quería alcanzarlos. Es por ello que , a pesar de estar nervioso por estar en un lugar nuevo que no conocía bien, decidí avanzar.

 

Bajo

A medida que perdí altura, me empezó a costar más mantener la trayectoria. Sabía lo que sucedía. Había luchando contra la brisa de valle todos los días, pero nunca me había enfrentado a toda su furia. Enfrenté el viento, hacia el oeste. A unos 200m antes de llegar al otro lado, me di cuenta que estaba volando muy lento. Muy bajo.

Y lo que pensaba que era un helicóptero era en realidad Jeremy que luchaba contra el viento para aterrizar en el valle.

Miré a mi alrededor mientras pisaba el acelerador. Seguía pensando que podría terminar aterrizando estático, quizás acelerando. Pero a medida que perdía altura, disminuía mi velocidad y después volvió a aumentar hasta 20km/h, en retroceso.

Me concentré solo en ese momento. En mantener el ala abierta. Encontrar un aterrizaje. Volteé para ver hacia atrás mientras volaba en retroceso a 20km/h acelerado. Vi un terreno largo, pero aislado, rodeado de árboles, un molino de viento, dos granjas y una vía férrea. Nunca había querido tener retrovisores en el arnés.

El viento generó rotores enormes cerca del suelo y me azotaban mientras intentaba evitar los obstáculos. Sabía que iba a estar turbulento, que quizás aterrizaría mal. Jugué con el acelerador y las orejas, intentando llegar bajo a la entrada del terreno, pero no lograba bajar lo suficiente.

A unos 100m antes del terreno, con los árboles y granjas cada vez más cerca, decidí hacer un giro suave para perder altura. ¡Pum! Frontal, asimétrico, pérdida, la película completa. El ala se desarmó y caía sin control.

Mis reflejos tomaron el control. Vi que iba hacia el techo de una granja. Era imposible girar con un ala que no volaba. Intenté mantener el ala en pérdida. Gritaba, no sé desde cuándo.

Tuve suerte ese día. El viento fuerte y la turbulencia en el suelo me lanzaron 50m más lejos y me estrellé apenas 10 metros dentro del terreno.

 

Lo que siguió

Me quedé acostado rodeado de tela y del arnés, viendo si había dolor. Progresivamente, moví los dedos de las manos y de los pies, después el resto de las articulaciones. Todo bien. Estaba cubierto de arena y tierra, pero todo bien. A pesar de haberme dado el susto de mi vida, no estaba lesionado. Sabía la suerte que había tenido.

Unos minutos después, me llamaron Mickael y Christian. Habían cruzado una hora más temprano que Jeremy y yo y lograron avanzar más por el valle. Uno aterrizó en un pueblo en una montaña con mucha turbulencia y el otro siguió más lejos y terminó aterrizando fuerte al fondo del valle en un lugar confinado. Ambos estaban bien.

Jeremy no tuvo tanta suerte.

Estaba rodeado de molinos de viento, casas y cables, así que decidió que en vez de estrellarse contra un techo o quedarse frito en un cable, le apuntó a un acantilado con árboles. Cuando arborizar parece la mejor opción, sabes que estás en apuros.

Mickael y Christian me dijeron que Jeremy estaba lesionado pero bien y que había un helicóptero en camino. Hablé con el por radio y me dio sus coordenadas GPS. Veinte minutos después, tras una caminata calurosa y empinada por el bosque llegué hasta el. Me aseguré que estuviera bien y le revisé la pierna que tenía herida y su equipo. Pensaba que podía llegar hasta un sendero y bajar a pie, pero el helicóptero ya estaba en camino.

Después de un rescate bastante complicado, sacaron a Jeremy. Bajé su mochila y esperé a que llegaran Christian y Mickael. Dos horas después, volvimos a subir con una sierra para sacar el ala. (De ahora en adelante voy a llevar conmigo una de esas sierras plegables en el equipo). Y eso fue todo: se acabó el día y la aventura.

 

‘No me pasará a mí’

Sé qué estás pensando. “Qué mal análisis” o “Yo nunca habría cometido esos errores”. Lo sé porque siempre pienso lo mismo cuando leo estas historias. Y esa es la lección más importante del día. No pienses que no podría sucederte.

La brisa del valle era de más de 60km/h ese día. Aprendí que hay una diferencia enorme entre un viento de 40km/h con el que podrías aterrizar uno de 60km/h con rotores y turbulencia dementes por debajo de los 20 metros. El ala simplemente explotó y tenía un comportamiento completamente errático y volar en retroceso casi me impidió por completo apuntarle al lugar correcto y controlar la velocidad y la altura.

Lo que aprendí de esa experiencia es que incluso si vuelas en grupo, hay que tomar decisiones como si estuvieras solo. ¿Habría cruzado el valle ese día de haber estado solo? Quizás no. De hecho, había visto un lago bellísimo justo antes que parecía un lugar perfecto para acampar. Una noche junto a un lago habría hecho que el vuelo fuera una aventura completamente diferente. 

 

¿QUÉ GENERA LAS BRISAS DE VALLE?

Las brisas de valle se generan por las llamadas “depresiones térmicas”. Cada día, cuando se calientan las montañas, se instala un sistema de baja presión que atrae el aire de los alrededores. En los Alpes, donde el aire entra desde las llanuras que los rodean. El aire sigue el rumbo con menor resistencia por las montañas – por los valles. En general, las brisas de valle van aumentando durante el día y son más fuertes a final de tarde. Hay brisas fuertes en valles amplios y se aceleran donde empiezan a estrecharse los valles.

 

LA BRISA DE VALLE DE MARTIGNY

“La brisa de valle en Martigny es tan fuerte porque el valle es estrecho y es la única fuente para remplazar el aire de todas las térmicas que ascienden por todo el valle de Ródano alto”, explica el piloto suizo Tom Payne. “Son más de tres mil kilómetros cuadrados de terreno montañoso que genera térmicas fuertes y el fondo del valle en Martigny tiene menos de dos kilómetros de ancho”. Es por ello que hay molinos de viento en el fondo del valle y no en las laderas. “Además, el valle da 90 grados, por lo que la brisa simplemente es fuerte y hay turbulencia. El aire que entra viene del llano y generalmente es bastante estable (con pocas térmicas) debajo de los 1.800m”.

Añade: “Por suerte, es lo estrecho del valle lo que permite cruzarlo. La ruta normal es quedarse bien al norte de Martigny, ganar suficiente altura antes de cruzar y no pensar mucho mientras haces la transición para intentar volar alto sobre la corriente de brisa de valle. Si bajas demasiado, entrarás rápidamente a Martigny y su esquina turbulenta. Si logras cruzar, querrás remontar por la arista de una montaña perpendicular a la brisa de valle hasta que puedas entrar a uno de los valles tangenciales donde hay menos viento y las térmicas están mejor organizadas. Otra opción es cruzar en la mañana antes de que empiece a soplar la brisa de valle”.

Los fanáticos de la Red Bull X-Alps recordarán que navegar la brisa de valle en Martigny resultó ser crucial el Día 6 en la carrera del año pasado y que el suizo Patrick von Känel no lo logró. Terminó hundido debido a la brisa de valle fuerte y dijo que sabía que le costaría caro. “A veces, un solo error puede cambiar muchas cosas”, dijo en aquel entonces. A final del día, Chrigel Maurer le sacó 20km y pasó de segundo a sexto lugar.

 

QUÉ HACER EN CASO DE BRISA

¿Te sorprendió la brisa de valle? A continuación algunos consejos:

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