En tu imaginación

miércoles 13 julio, 2022

From issue: Cross Country en Español 70 – Agosto 2022

La búsqueda del fotógrafo Adi Geisegger por la foto perfecta del toque de estabilo perfecto finalmente terminó durante un viaje de dos días en los Alpes suizos con sus amigos Michi Maurer y Melanie Weber

Todos tenemos imágenes en nuestra mente. Muchas son pasadas que al recordarlas evocan emociones que nos conmueven. Pero también nos impulsan.

Como fotógrafo, tal vez las imágenes en mi mente me inquieten más que a otras personas. Algunas ya han pasado, pero otras no son más que sueños que solo el tiempo y la imprescindible planificación y contemplación pueden hacer más nítidos. Cuando llego a ese punto en mi cabeza y puedo ver la imagen claramente con mi imaginación, sé que puedo intentar hacerla realidad.

En este caso me inspiré en imágenes tomadas por otros fotógrafos, pilotos fotógrafos como Andreas Busslinger y Thomas Senf para los que esto ya era experiencia acumulada. Me refiero a esa imagen en que el parapente toca la superficie de un lago en un giro de la muerte.

Ahora rozar el estabilo lo hacen muchos pilotos antes de aterrizar, para demostrar sus habilidades frente a espectadores boquiabiertos. Sin embargo, la máxima expresión de esta maniobra es tocar suavemente la superficie de un lago o estanque y llegar a la orilla. Como en muchos otros casos, Chrigel Maurer fue pionero en estas imágenes.

Como no quería copiar a otros fotógrafos, pasaron años antes de que la imagen que quería se hiciera más nítida, clara y, finalmente, completamente visible en mi cabeza. Mis amigos Michi Maurer y Melanie Weber fueron parte de esta imagen ficticia en mi cabeza.

Ya Michi y yo hemos logrado realizar otros proyectos con éxito. Compartimos la misma motivación por crear algo nuevo y, al ser un piloto excepcional, puede hacer que lo que imagino se haga realidad. Solo debo accionar el obturador en el momento justo.

La labor de Melanie Weber no sería demostrar sus habilidades de vuelo, sino sumarle profundidad y alegría a la fotografía.

Lago Sulsseeli

El momento llegó a finales de julio. Nos reunimos con Michi en el Lago Thun, junto a Interlaken, Suiza. Nuestros coches estaban repletos de equipo: cámaras, flashes, parapentes, arneses y, encima de todo, una tabla de paddle.

Nuestro destino era un valle cercano a Interlaken, un lago de montaña de postal insertado en un paisaje hermoso frente a los famosos picos Eiger, Mönch y Jungfrau. Sería el telón de fondo perfecto para nuestra imagen.

Subimos los primeros 500m en el teleférico Isenfluh, pero ahí cargamos todo como porteadores en el Everest. Hicimos los 800m verticales restantes a pie. Agotador.

Además de los sacos de dormir y las esterillas para la noche en la montaña, Michi llevaba la tabla de paddle. Melanie llevaba el equipo de vivac y baterías para el flash. Yo me encargué de mi equipo fotográfico, el generador del flash y mi equipo de vuelo. En total, las mochilas pesaban unos 20kg.

Estaba muy motivado porque aunque contaba cada metro, a pesar de la carga, el ascenso se hizo rápido y llegamos al Sulsseeli al final de la tarde.

Antes de oscurecer, preparamos nuestro vivac y la tabla de paddle. Michi preparó su equipo de vuelo y acordamos la posición exacta del ala y del piloto.

El plan era captar a Michi mientras caía la noche, usando un enorme flash en el momento justo en que la campana tocara el agua. El mayor reto era que la recarga del flash nos limitaba a un intento. Es decir, debía apretar el disparador en el momento perfecto: ni muy pronto ni muy tarde.

A pesar del viento de cola del atardecer, Michi logró despegar con su Omega y tomamos la primera fotografía, con Melanie ayudándome con el flash para iluminar bien a Michi. Pero Michi dijo que le fue difícil estimar la distancia a la superficie del lago en la casi total oscuridad y me di cuenta de que reconocer el momento exacto para disparar también fue complicado.

Decidimos volver a intentarlo, pero el flash no funcionó. Conscientes de que lo bueno es para los perseverantes, el tercer intento fue perfecto. Los últimos rayos iluminaban los picos de las montañas en el fondo, mientras Michi sutilmente tocaba la superficie del lago en un ángulo perfecto.

Para la última toma de la noche, tuve la idea de hacer una exposición larga previa, para que las estrellas y las montañas fueran más visibles en la oscuridad. Luego, con una precisión que me dejó sin aliento, Michi dibujó un círculo perfecto en la superficie del lago, con el Lobhörner de telón de fondo y un mar de estrellas como techo.

entrada en barrena

Nuestro ascenso y compromiso habían rendido sus frutos, así que satisfechos nos metimos en nuestros sacos de dormir. Pero la noche fue corta. El sol salió a las 6:22am. Se nos hizo muy difícil dejar nuestros acogedores vivacs, pero el amanecer ya se asomaba y teníamos mucho por hacer.

Mientras saltaba de una orilla a la otra, buscando la mejor perspectiva, Michi se abrió camino hasta su despegue, una caminata de 25 minutos. Conociendo la naturaleza efímera de la luz del amanecer, sabía que como máximo tendríamos dos oportunidades para captar el momento perfecto.

Todo fue perfecto. El momento fue mágico. En el fondo, el Eiger, el Mönch y el Jungfrau lucían magníficos, mientras en primer plano, el lago de la montaña hacía las veces de espejo. No había viento y todo parecía estar listo.

Pero no fue sino hasta después de que Melanie abandonara la orilla en la tabla de paddle cuando noté un elemento que no había tomado en cuenta. La tabla generaba estelas por todo el lago, lo que alteraba la imagen del espejo. El tiempo que tomaba para que el lago volviera a la calma total parecía una eternidad y Michi, nervioso, preguntaba por radio por qué no le habíamos dado la señal.

El sol ascendía y el tiempo se agotaba. Pero, de repente, Melanie flotaba en la posición perfecta, no había viento en el lago y Michi estaba listo. Di la señal y Michi despegó.

Escuché el sonido de las líneas sobre mí, mientras Michi ganaba el impulso suficiente para barrenar y hacer un rasante por el lago. Cuando me di cuenta, con mi cámara disparando a alta velocidad, Michi bajaba en espiral en el ángulo perfecto, pasaba sobre Melanie en el punto justo e incluso metió su mano en el agua al pasar, todo antes de hacer un aterrizaje perfecto junto al lago. Apenas podía creerlo. La imagen de mis sueños era ahora una realidad.

Michi preparó su parapente para otra ronda y luego para otra más. De hecho, al final de las tomas de la mañana, Michi había cubierto 2.000m de altura antes de que nos diéramos por satisfechos con las incontables tomas de la mágica superficie del lago. 

Pero al poco tiempo, cuando el viento arreció y la superficie de cristal se perdiera, llegó la hora de volver a casa.

 

Vuelo de regreso

Le había prometido a Michi que si él subía la tabla de paddle, yo la bajaría volando al valle al día siguiente, así que como pude empaqué todo mi equipo fotográfico y la tabla de paddle en mi mochila de 120 litros y me preparé para despegar. Melanie y Michi me levantaron en una especie de simulacro de despegue, para asegurarse de que no me iría hacia atrás tan pronto despegara. Aseguré algunas cuerdas para que el peso de la mochila recayera sobre los mosquetones, no sobre mí. Pero tan pronto me hice al aire, tal y como temía, me fui hacia atrás. Nuestro simulacro no logró prever la realidad.

Me aferré con fuerza a mi equipaje para el vuelo de 20 minutos hasta Interlaken. Me pareció una eternidad. Claro, toda esa suerte que tuvimos en las montañas tenía que acabarse. No había nada de viento en el aterrizaje, así que mis alternativas eran arriesgarme a que mi costoso flash se dañara al aterrizar o inventarme un plan B. Durante la aproximación final se me encendió una luz de inspiración y, aunque no soy piloto de acro, intenté mi primer aterrizaje en negativo. Funcionó. Me mantuve de pie.

Michi y Melanie llegaron flotando poco después de mí y así el trío infernal regresaba sano y salvo a tierra, luego de dos días de soledad entre las pintorescas montañas suizas. Al final, la cohesión y el espíritu de equipo son los que hacen realidad imágenes como estas. Se confirma el lema: “El trabajo en equipo hace el trabajo de ensueño”. 

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